Puntadas contra el olvido: la obra de Alexandra Bisbicus
En su trabajo, el ser mujer, su identidad indígena, la guerra y la memoria son abordados desde una perspectiva crítica. Además, la artista textil sintetiza los últimos cincuenta años de la historia de Colombia.
Desde Colombia hasta Alemania
Alexandra es descendiente de los indígenas Awá, habitantes del sur de Colombia. Allí se formó como artista escénica bajo la dirección de Enrique Buenaventura. Años después, su pasión por el tejido la llevó hasta Cochabamba, Bolivia, donde aprendió el arte de la tapicería y el uso del telar alto lizo. Ahora vive en Alemania, en donde ha madurado el componente político de su obra.
El reflejo de la artista
Las piezas que componen la obra de Alexandra son producto del sincretismo de formas, motivos y técnicas. Referencias a culturas indígenas de Colombia y Bolivia se entrelazan con la técnica europea del gobelino y el arte-terapia. Sus muñecas son muestra de ello. "Hacer cada una de ellas implica hacerse y reencontrase consigo mismo", comenta la artista, "al final, el objeto refleja a quien lo hizo".
Contra la apropiación cultural
La estética de los pueblos indígenas es una de las mayores fuentes de inspiración para el trabajo de Alexandra. Sin embargo, es crítica de la apropiación cultural de los saberes tradicionales, por parte de artistas y empresas. Por tal razón ha tenido que reconsiderar la influencia de dicha estética sobre su obra. En piezas como esta, la artista rinde homenaje a la cultura Embera de Colombia.
La danza de las desaparecidas
La reivindicación del derecho a la tierra de los pueblos indígenas en Colombia se ha materializado en la obra de Alexandra. En esta pieza se retrata la danza Yonna de la comunidad Wayyu, que se resiste a ser desplazada por proyectos de minería de carbón. En represalia, miembros de la comunidad han sido víctimas de asesinatos y desapariciones, como las ocurridas durante la masacre de Bahía Portete.
"Ser sentipensante"
Esta pieza muestra el éxtasis de las mujeres que toman parte en el ritual de la consagración de la primavera. Inspirada en una coreografía de Pina Bausch, esta obra representa un apasionamiento planeado. De forma similar, la artista se define, en palabras del sociólogo colombiano Fals Borda, como un "ser sentipensante": una persona para quien sentir y pensar son una unidad indivisible.
El silencio en Dachau y Sachsenhausen
Alexandra vive en Alemania hace diez años, en ese tiempo conoció los campos de concentración de Dachau y Sachsenhausen. Su obra Silencio está dedicada a estos lugares, donde, en palabras de la artista, se cruzaron los límites de la humanidad. La pieza evoca la imagen de heridas abiertas sobre un fondo ensangrentado, un dolor latente que se enmadeja y se acumula con el tiempo.
La Tela de la Memoria
En protesta contra el desinterés del entonces candidato presidencial Iván Duque, ante la muerte de líderes sociales y la implementación del acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, Alexandra organizó una sesión de bordado en Berlín. El día en que él se posesionó, los manifestantes bordaron frente a la Puerta de Brandeburgo la Tela de la Memoria. Fue un homenaje a los muertos y desaparecidos.
De una madre desaparecida a su hijo
En la elaboración de la obra Tela de la Memoria (2018), cada participante conoció la vida de alguna de las víctimas de desaparición forzada y homicidio. Los bordados son el resultado de ese aprendizaje plasmados sobre textiles. Nidia Erika tenía puesto este vestido blanco el día que desapareció, su hijo no la volvió a ver. Este fragmento de la pieza fue bordado por Alexandra en su memoria.
El lenguaje de los exiliados
Las víctimas del conflicto armado y demás personas que integran la diáspora colombiana en Alemania, han encontrado en el bordado una vía para expresarse. Los asistentes a los talleres liderados por Alexandra han esbozado sobre la tela sus deseos, miedos y dolores. Así como esta otras piezas han sido elaboradas en Hannover, Bonn y Berlín.